«¿Cuánto me cobras por un logo?» es una pregunta razonable con una respuesta incómoda: he visto el mismo encargo a 50 € y a 3.000 €, y las dos cifras pueden ser justas. Porque no son el mismo producto, aunque las dos acaben en un dibujo.
Te cuento qué cambia de una a otra, para que mires cualquier presupuesto y sepas qué te estás llevando.
Antes de nada: si lo que te preocupa es que no entran clientes, el logotipo casi nunca es la causa. Compruébalo con las 12 señales de que una web no vende.
Lo que pagas no es el dibujo
Esto es lo que descoloca a casi todo el mundo. El rato de dibujar es la parte pequeña. Lo que de verdad separa un logotipo de 50 € de uno de 3.000 son tres cosas:
- Las decisiones. A quién le hablas, qué tiene que transmitir, qué hacen los de tu sector y por qué conviene no parecerse. Eso es lo que hace que un logotipo aguante diez años en vez de pasar de moda en dos.
- Los archivos. Un logotipo no es una imagen: es un juego de versiones que tienen que funcionar en un rótulo, en un sello de 1 cm, en blanco sobre negro y bordado en un polo.
- Los derechos. Quién es el dueño de lo que has pagado. Esto se mira poco y es lo que más caro sale después.
Las tres franjas, sin postureo
Plataformas de encargos y generadores (decenas de euros). Te llevas un dibujo. A veces decente. Normalmente sin vectorial editable, sin versiones y sin exclusividad: nadie te asegura que esa misma forma no esté ya en otro negocio de otra provincia. Vale para probar una idea o para salir del paso.
Diseñador por encargo (cientos de euros). Hay conversación, un par de propuestas y entrega de archivos como Dios manda. Es la franja donde está la mayoría de los negocios locales, y donde la diferencia la marca el encargo: cuanto mejor expliques tu negocio, mejor sale.
Identidad completa (miles). El logotipo es una pieza más: colores, tipografías, cómo se aplica a todo, un pequeño manual para que no se desmadre y las piezas de salida (rótulo, tarjetas, redes, web). Tiene sentido cuando vas a imprimir, rotular y publicar durante años, y cuando varias personas van a usar la marca sin preguntarte cada vez.
Un logotipo barato no es caro por lo que cuesta: es caro por lo que cuesta cambiarlo cuando ya está en la furgoneta, en el toldo y en mil tarjetas.
La lista que tienes que pedir, siempre
Da igual la franja. Si te entregan esto, te han entregado un logotipo:
- Vectorial editable: SVG y el archivo original (Illustrator, Affinity o equivalente).
- PNG con fondo transparente, en varios tamaños.
- Versión en negativo (para fondos oscuros) y en una sola tinta (para sellos, bordados y rotulación).
- Los colores exactos: HEX para pantalla y su equivalente para imprenta.
- Las tipografías, con su licencia o el texto ya convertido a curvas.
- La cesión de derechos por escrito.
Si solo te llegan un JPG y un «ya está», no tienes un logotipo: tienes una foto de un logotipo.
Los derechos: el papel que nadie pide
Que hayas pagado no significa que sea tuyo. La Ley de Propiedad Intelectual dice dos cosas que conviene saberse: que “se considera autor a la persona natural que crea” la obra (artículo 5), y que “toda cesión deberá formalizarse por escrito” (artículo 45). Traducido: el logotipo nace siendo del diseñador, y pasa a ser tuyo cuando lo pone un papel. Sin ese papel has comprado poder usarlo, no ser su dueño.
No hace falta un contrato de diez páginas: basta una línea en la factura o en el presupuesto diciendo que se te ceden los derechos de explotación en exclusiva y sin límite de tiempo ni territorio. Pídela antes de pagar, que después se pide peor.
Cuándo el logotipo no es tu problema
Y esto te lo digo aunque me deje sin vender un rediseño: cambiar el logotipo no trae clientes por sí solo. Si tu negocio funciona y lo que falla es que no te encuentran en Google o que la web no convierte, el dinero rinde más en el sitio donde la gente te busca o en arreglar la web.
El logotipo sí es lo primero cuando vas a abrir, cuando lo que tienes no se puede usar en la mitad de los sitios, o cuando lo que proyectas no se parece a lo que cobras. Es decir: cuando te está costando dinero, no cuando te aburre.
Cómo lo hago yo
Sin tarifa cerrada, como en el precio de una web: no cuesta lo mismo una marca que va a vivir en un rótulo y en una web que una que va a ir a imprenta, a vehículos y a una línea de producto.
Lo que sí es fijo es la entrega: la lista completa de archivos y la cesión de derechos por escrito, siempre, también en el encargo más pequeño. Lo demás se habla mirando dónde va a tener que funcionar la marca. El detalle de cómo lo trabajo está en branding y diseño de logotipo.
¿Tienes un presupuesto de logotipo encima de la mesa y no sabes si es caro? Mándamelo y te digo qué incluye y qué le falta. Aunque lo hagas con otro.