La pregunta que llega es “¿cuánto cuesta el SEO?”, pero el problema casi nunca es el precio. Es que pagas 400 € al mes y, al tercer mes, no sabes decir qué has comprado.
Eso no pasa con una web (la ves) ni con un vídeo (lo tienes). Con el SEO pasa mucho, y por eso es donde más dinero se quema en silencio.
Antes de seguir: si tu web es lenta o Google no la entiende, ningún SEO te va a salvar. Las 12 señales de que una web no vende, en PDF.
Bajo la palabra «SEO» se venden tres trabajos distintos
Y mezclarlos es lo que hace imposible comparar dos presupuestos:
- Lo técnico. Que Google pueda leer tu web, que cargue rápido, que la estructura y las etiquetas estén bien, que no haya páginas duplicadas ni enlaces rotos. Tiene final: se hace, se comprueba y se acaba. No es una cuota para siempre.
- El contenido. Páginas y artículos que responden a lo que de verdad busca tu cliente. Esto sí es recurrente, es producción, y suele ser la mayor parte del dinero. Se paga por pieza o por un número de piezas al mes.
- El SEO local. La ficha de Google al día, el nombre y la dirección iguales en todas partes, reseñas, fotos. En un negocio de aquí es lo que más mueve, y buena parte no cuesta dinero: cuesta hacerlo. Lo cuento entero en la ficha de Google de tu negocio.
Si un presupuesto no dice cuánto hay de cada una de las tres, no es un presupuesto: es una cuota.
Lo que dice Google, con sus palabras
Esto no es opinión mía. En su documentación para quien va a contratar a alguien, Google escribe: “Nadie puede asegurarte el primer puesto en los resultados de Google”. Y añade que hay que desconfiar de los especialistas “que dicen garantizar ciertas posiciones, que afirman tener una «relación especial» con Google o que dicen disponer de un sistema de «envío prioritario»”.
Guárdate esa frase. Es el filtro más barato que existe: si alguien te garantiza la primera posición, lo que sabes de él ya no es que haga buen SEO, es que te está contando algo que su propia fuente desmiente.
Las cinco preguntas que cambian el presupuesto
Antes de firmar nada, estas cinco. Si las cinco se contestan claras, el precio pasa a ser comparable:
- ¿Qué me entregas este mes, en concreto? Dos páginas nuevas, la ficha arreglada, los textos de cuatro servicios. Un nombre, no “optimización”.
- ¿Qué búsquedas persigues y cuánta gente las hace? Si la respuesta no tiene consultas concretas, no hay plan, hay intención.
- ¿Qué pasa si dejo de pagar? Lo técnico y las páginas se quedan. Si no se quedan, no estabas comprando: estabas alquilando.
- ¿Con qué me lo demuestras? Search Console, que es gratis y es tuyo. Capturas de un panel de colores no son prueba.
- ¿Hay permanencia? Y si la hay, qué justifica el plazo.
Cuánto tarda, y la parte que nadie quiere oír
Meses, no semanas. Lo técnico se nota pronto en cómo te rastrea Google; que una página empiece a traer visitas útiles lleva su tiempo, y una web nueva parte de cero por definición.
Y la parte incómoda: si no tienes casi contenido y tu web es nueva, el SEO no es tu primer gasto. Arregla antes la oferta, la web y la ficha de Google. A veces el camino corto es pagar por tráfico mientras el orgánico crece, y lo que eso cuesta lo cuento en cuánto cuesta la publicidad en redes sociales.
Cómo lo hago yo
Sin tarifa cerrada y sin cuota mensual indefinida, por lo mismo que no la hay en el precio de una web: no es el mismo trabajo en dos negocios distintos.
Dos cosas sí son fijas:
- El SEO técnico va dentro de la web que hago, no como extra. Si entrego una web que Google no entiende, el trabajo no está terminado; no es una partida aparte para vendértela después.
- Lo que se publica se mide. Mi propia web tiene una puerta que compara cada cambio con lo que hay publicado, para no romper por detrás lo que funciona. Si eso me lo exijo a mí, te lo exijo para ti.
El detalle de qué incluye está en SEO y posicionamiento local.
¿Tienes un presupuesto de SEO encima de la mesa y no sabes si es caro o es humo? Mándamelo y te digo qué estás pagando. Aunque no lo hagas conmigo.