En hostelería el problema de las redes casi nunca es la idea: es la hora. A las dos de la tarde no hay nadie pensando en un carrusel. Y así pasa lo de siempre: tres semanas publicando con ganas, temporada alta, y el perfil muerto cuatro meses.
Esto es una rutina que aguanta en un bar o un restaurante de verdad, con el servicio por delante. No es la rutina ideal: es la que se puede sostener.
Antes de seguir: si tu carta vive en una foto de WhatsApp o en un PDF que no se lee en el móvil, eso tapa más de lo que destapan las redes. Lo cuento en web para restaurantes en Lanzarote.
La regla que lo cambia todo: se graba durante el servicio, se publica después
El error es sentarse a “hacer contenido”. No funciona, porque ese rato no existe. Lo que funciona es grabar mientras trabajas y publicar en un hueco muerto.
Durante el servicio, con el móvil y en vertical:
- El plato saliendo de la cocina. El corte, el vapor, la cuchara entrando. Veinte segundos.
- Las manos trabajando. Emplatar, cortar jamón, tirar una caña, abrir un pescado. La gente ve oficio y le da hambre.
- El género cuando llega. El pescado del día, la caja de tomates, la carne fresca. Eso es prueba de calidad y no cuesta nada.
- La casa llena, sin enfocar caras. Una sala con ruido vende mejor que una sala vacía con buena luz.
Con dos grabaciones al día tienes material para la semana entera. El montaje es cortar y poner música: no hace falta más.
Una semana que se puede cumplir
Dos o tres publicaciones por semana, siempre las mismas casillas, para no decidir nada sobre la marcha:
- El plato de la semana (vídeo corto). Lo que quieres vender, no lo que más te gusta a ti.
- Algo de dentro (quién está detrás, una elaboración, el proveedor). Esto es lo que hace que te elijan a ti y no al de al lado.
- Un aviso útil (horario especial, cierre, menú de un día, reserva para un festivo). Es lo que más se comparte.
Y una norma: cada publicación dice qué hacer después. “Reserva en el enlace de la bio”, “escríbenos por WhatsApp”, “pásate de 13 a 16”. Un plato bonito sin instrucción es un plato bonito.
Lo que de verdad llena mesas no está en Instagram
Esto te lo digo aunque me deje a mí sin vender contenido: en hostelería, la mayoría de las mesas nuevas no vienen del feed. Vienen de alguien que busca “dónde comer en Puerto del Carmen” en el móvil y mira el mapa.
Por eso el orden sensato es:
- La ficha de Google al día: horario de verdad, fotos recientes, carta enlazada, reseñas contestadas. Cómo se monta, en la ficha de Google de tu negocio.
- La carta en la web, en texto, no en una imagen. Si Google no la puede leer, no apareces cuando alguien busca un plato concreto.
- Y entonces sí, las redes, que son las que hacen que vuelvan y que te recomienden.
Instagram cuida al que ya te conoce. Google recoge al que te está buscando ahora. Hacen falta los dos, pero si solo puedes atender uno, empieza por el segundo.
El idioma, que en Lanzarote no es un detalle
Si trabajas con turista, la mitad de tu público no lee español. No hace falta llevar dos cuentas: con poner el pie de foto en dos idiomas, cortos, vas bien. Y en la web, lo importante es que la carta y las reservas se entiendan en el idioma de quien paga.
Cuándo tiene sentido delegarlo
Hazlo tú mientras puedas. Se delega cuando:
- Llevas meses sin publicar y ya es un bulto en la cabeza.
- Necesitas material que no se graba entre comandas: fotos de carta, un vídeo del local bien hecho, piezas para anuncios.
- Quieres pagar por llegar a quien no te conoce, y ahí ya hablamos de presupuesto. Qué cuesta eso y cuál es el mínimo razonable lo tienes en cuánto cuesta la publicidad en redes sociales.
Si lo delegas, pide que te digan qué se va a publicar y para qué, no cuántas publicaciones al mes. Doce publicaciones sin criterio son doce publicaciones. Así enfoco yo el contenido y la gestión de redes: primero para qué, después cuánto.
¿Tienes un bar o un restaurante en Lanzarote y las redes te las lleva el reloj? Cuéntame cómo trabajáis y te digo qué haría yo con el tiempo que de verdad tienes.